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martes, 30 de agosto de 2011

Epifanía gorrona

Todo comenzó un día de abril en que sintiéndome pudiente con mi tarjeta de crédito, asignada sin ser solicitada y aceptada para ser usada sólo en emergencias, tenía una promoción de que todas las compras mayores a 500 pesos de cualquier tienda se podrían pagar a meses sin intereses. Mi asombrosa línea de crédito equivale como a 1.4 veces lo que “gano” al mes, nada mal cuando nunca has tenido tarjeta y ni siquiera trabajas (en el amplio y legal sentido de la palabra).
Resulta que mis tenis (única clase de calzado que me permite caminar más de dos cuadras) estaban ya muy gastados y comenzaban a ser incómodos, y mi mochila de más de tres años… comenzaba a volverse transparente del fondo; sí que decidí sustituirlos con algo de mejor calidad de lo que fueron estos alguna vez, con la ilusión de que duraran más, aprovechando la genial promoción.
Y así llegué al centro comercial de Coyoacán y encontré unos tenis a mitad de precio en el botadero de Martí, otros tenis en el Palacio de Hierro cómodos y a precio razonable, pero no una mochila que me satisficiera suficiente. Iba yo bajando las escaleras eléctricas con mis grandes bolsas y un chico guapo, rubio y alto me ofrece un papel de una urna para una promoción de Estée Lauder y creo que hasta pregunté si cobraban (tacañez al máximo). El punto es que me gané un facial exprés de cortesía y ahí voy a la cabina y me aplicaron un exfoliante, tónico y humectante que olían delicioso. Después me ofrecieron la GRAN GANGA PROMOCIÓN de una cosmetiquera con la crema olorosa a pepino en tamaño completo más muestras de limpiador espumoso, suero matificante y crema de ojos por la mágica cantidad de 700 y algo. Y aquí viene la confesión culpable: la compré. Ok, es culpable porque el contexto del asunto es:
CONTRAS:
· Estudiante becada fuera de la ciudad de origen con presupuesto limitado intentando no pedir dinero a mami y papi.
· Debería de ahorrar para mi futuro ya que estoy en mis veintitantos y sin INFONAVIT o AFORE o marido/prometido/sugar daddy que me resuelva la vida, jajaja.
· Un par de semanas antes había comprado un hidratante con color de Laura Mercier que costó como 650 (un hecho culpable más), crema de ojos de 300-algo de La Roche Posay además de un tratamiento Normaderm de Vichy (200 o 300).
· Ese mismo día temprano por la mañana acababa de comprar un bloqueador facial Avène, un kit promocional de bloqueador con loción para después del sol de Eucerin, y un kit promocional de más normaderm (para dejar en casa de mis papás y no cargar equipaje ¬¬) como 1200 pesucos.
· Se suponía que la tarjeta era para EMERGENCIAS.
PROS:
· El día que compré el coso de Laura Mercier, pasé a Clinique de la misma tienda y la mujer me asustó con las 20 cremas que me recomendó y los 4000 pesos que me costaría todo para hacerme bella. OSEA ni siquiera me acerco a los 30 años ¿y tengo que usar tanta crema? Ni que tuviera como 1 hora en la mañana para pasar embarrándome cosas.
· El hidratante de Vichy resultó no ser tan hidratante en mis mejillas y no tiene bloqueador solar.
Resultó que si me ponía el hidratante de Laura Mercier sobre la crema de Vichy, esta última formaba "pellejitos" blancos, así que sólo la puedo usar por la noche solita.
· En ese momento me pareció económico comparado con el presupuesto de Clinique y me prometían que esa crema sola es todo lo que necesitaba (más suero y rutina de limpieza que no pensaba comprarles porque en mi opinión los limpiadores del súper hacen el mismo trabajo con la misma eficiencia).
· Estaba un poco eufórica por haber comprado mis tenis y me dejé llevar.
· Me hizo sentir elegante comprar esa mamada.
· En verdad olía delicioso.
Bueno ya comprado… me sentí culpable en casa… pero qué más daba. En fin, la mujer que me atendió registró mis datos en su base de datos, y no conforme, me hizo comprar (sí, ajá, me apuntó con una pistola) una exfoliante de 400 que me prometió me quitaría la pigmentación de mi barbilla con uso constante y eso me haría acreedora a un facial completo. Hice mi cita para el facial y me fui con dolor de panza.
Meses después, entiéndase hace como 15 días, me llamaron por teléfono invitándome a un desayuno-demostración del nuevo tratamiento de la marca (todavía no me acabo su frasco y ya hay uno nuevo…) y mi pregunta obligada fue: ¿Cobran? Jajaja… qué barata soy. Y me dijeron que no, que era cortesía y que podía llevar un acompañante.
Fui con una amiga de la escuela. Cabe mencionar que la crema lanzada estaba destinada a mujeres a partir de los 35 años, por lo que de plano ella y yo no encajábamos para nada. Había muchas mujeres mayores, unas bien cuidadas y otras no. Nos hicieron un facial exprés gratis y preguntamos de todo menos de la línea Resilience. Mi amiga amó un rubor degradado en todo durazno llamado Peach Nuance, pero no compramos nada. RESUMEN: desayuno y exfoliación gratis.
Cabe mencionar que las maquillistas no nos dieron confianza. Todas menos una usaban colores azul brillante en los ojos de manera muy dramática, incluso aunque el color no les quedaba nada bien. Se me figuró que querían venderte maquillaje demostrando TODO el disponible en su propia cara. No me malinterpreten, se podría pensar que quizás no me gustan los looks intensos, pero yo suelo usar colores similares y creo que hago mejor trabajo difuminando…a pesar de que casi no me maquillo (hablando de frecuencia, no de intensidad). Sólo una tenía un estilo agradable, casi pin-up que le favorecía bien.
Nos la pasamos riendo mi amiga y yo, hablando de tonterías, y teniendo conversaciones mentales sobre las demás señoras y lo curiosas que eran. No es que nos burlemos de la gente, pero en general nos gustan las señoras y hablar de ellas, es decir, son como algo mágico, místico y misterioso; unas son curiosas, unas están locas, unas son divertidas y en lo personal me la paso pensando a cuál tipo de señora me pareceré alguna vez. Después de la divertida experiencia y pensando que necesitábamos ese exfoliante (no tuve valor de confesar a mi amiga que ya lo había comprado) y firmemente creyéndole a la mujer con la mejor piel que he visto a su edad de que me he de cuidar y usar bloqueador solar nos retiramos del sitio.
En el camino hablamos de lo maravilloso que era ese rubor, y la crema que nos pusieron (que uso ¬¬). Más tarde, ya sola en casa se me ocurrió la idea más loca que he tenido últimamente: ir cada fin de semana a una tienda departamental distinta a que nos hagan exfoliación, así nunca tendríamos que gastar en uno (bueno NUNCA no, en un buen tiempo). En mi caso se supone que debo exfoliarme dos veces a la semana, y mi amiga una; así que mi plan implica que una me exfolio yo entre semana y el fin vamos a que nos consientan. Qué baratas… pero cuando vives lejos de casa, y dependes de una beca…. NADA ES SUFICIENTEMENTE BARATO

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